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Pedro Ticas  
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77. Cambio climático, desarrollo sostenible y sustentable en países dependientes: Antropología del ecosistema. Primera Parte

Cambio climático,  desarrollo sostenible y sustentable en países dependientes:  Antropología del ecosistema


"La armonía ser humano-naturaleza solo se alcanza cuando el ser humano logra  el equilibrio, control y dominio sobre los recursos naturales de acuerdo a la naturaleza biológica de los mismos y  a la naturaleza social del ser humano…”[1]


Nota previa.

Este trabajo ha sido divido en tres partes. Las primeras dos comprenden una serie de apreciaciones teórico-antropológicas sobre las causas y desarrollo del problema de Cambio Climático entendido como una de las partes integrantes del ecosistema. La tercera parte comprende algunas consideraciones sobre el origen e impacto de dicha problemática en la conformación de la sociedad salvadoreña.


Ideas básicas

Sin duda que el primer paso para explicarse ¿qué es esto de cambio climático y desarrollo sustentable y sostenible? consiste en definir dichos términos, empero, por el carácter de este escrito, de dichas definiciones nos ocupamos de forma lacónica y sustancial. Nos interesa reflexionar sobre los elementos de causa, contexto y realidades de orden histórico, político, económico, social y cultural de los países pobres y dependientes sobre los cuales se suscita el mayor impacto del deterioro ambiental. El Cambio Climático no constituye un fenómeno aislado contemplativo de las voluntades humanas, por el contrario, resulta del deterioro acumulado y sistemático que grandes capitales internacionales han provocado históricamente. El Cambio Climático es producto de dicho deterioro que comprende tanto a la naturaleza como al ser humano. En realidad, corresponde a los países industrializados la principal responsabilidad histórica de reorientar y terminar con el deterioro del ecosistema  en su totalidad. Ciertamente, en los países pobres, la precariedad, dependencia y constante asimilación de cualquier ocurrencia y aventura de algunos gobiernos y organismos internacionales, pone en evidencia la continuidad de la dependencia a la que ahora se suma el problema ambiental.  Al respecto, todo indica que el problema constituye una nueva forma de colonialismo de los países industrializados sobre los países que lejos de ser considerados en eso que llaman  “en vías de desarrollo”, cada vez se alejan más de dicha ubicación y se aproximan con celeridad a las vías de extinción.

Como sabemos, el concepto de Cambio Climático está vinculado a una cantidad de variaciones climatológicas que hacen posible el surgimiento de imprevistos naturales y en consecuencia, de desastres humanos. Pero los desastres humanos se esconden ahora bajo el telón del concepto de “desastre natural”, el cual, en realidad, no hace más que ocultar las verdaderas responsabilidades de quienes mediante su intervención tecnológica, química o física en la naturaleza, producen variaciones  de temperatura, comportamiento de eventos naturales y otros tantos que finalmente afectan con más proporción a los países más pobres en virtud de su alto nivel de vulnerabilidad técnica, tecnológica, económica, educativa, natural y política, ésta última, quizás una de las más claras deficiencias de los estados pobres y esclavos que no sólo dependen de cualquier  ocurrencia, experimentación o aventura del mundo industrializado sobre el ecosistema, sino, además, que su misma condición de estados inmaduros en casi todas las esferas de su vida facilitan el mayor impacto en sus débiles recursos tecnológicos y naturales. Desde luego que también es importante considerar que en algunos estados dependientes, detrás de su acostumbrada condición de eterno lamento y llanto[2] pueden ocultarse intereses económicos de algunos grupos de poder o de la administración del estado de vivir permanentemente de la caridad internacional para hacer de ello, el comercio más despiadado de los alimentos, productos y dinero que reciben en calidad de dadiva o préstamos monetarios internacionales que en muchos casos,  terminan formando parte de los propios capitales individuales.

El problema de los grupos de poder con cultura feudal

Sin duda que en países con cultura de esclavo, el problema de los recursos naturales, de su uso y depredación tiene sus orígenes en sus antecedentes históricos de formación social. El Colonialismo salvaje de hace más de 500 años y sus subsecuentes derivaciones en la conformación de grupos de poder económico con pensamiento feudal, ha constituido una de las principales causas del problema ambiental que hoy se experimenta, particularmente porque dicho pensamiento ha favorecido la perdida de la identidad y de lo propio, y aunque dichos grupos de origen terrateniente han cambiado la agricultura por el comercio industrial-tecnológico, lo cierto es que su pensamiento continua siendo hacendario y experimental. Aunado a esta triste realidad, estos países rezagados y oscurantistas continúan permitiendo cualquier ocurrencia experimental del mundo occidental, sobre todo a partir de la Primera y Segunda Guerra Mundial, las cuales, en realidad, han sido las guerras entre grupos de poder económico internacional que con poca ética transfirieron responsabilidades y obligaciones a terceros países que poco o nada obtuvieron de dichos conflictos, por el contrario, dichas guerras significaron la repartición-distribución de las riquezas naturales en los países llamados “tercermundistas” quienes en un intercambio totalmente desigual aceptaron acabar con sus recursos naturales y humanos a cambio de capital industrial fijo obsoleto, adquiriendo deudas monetarias impagables, lo que hace suponer que en realidad,  la historia de los recursos naturales de los países dependientes es la historia de la esclavitud de algunos de sus grupos de poder sin identidad, oscurantistas y antinacionalistas, quienes al amparo del poder económico internacional han facilitado la devastación, desaparecimiento y extinción de los recursos naturales, animales, vegetales y humanos controlados y preservados durante cientos de años por las culturas autóctonas de cada país.  

Ciertamente, lo que llaman “guerras mundiales” no es más que el manejo ideológico de comprometer a los pueblos dependientes a las  aventuras y salvaguarda de los intereses de algunos  grupos de poder económico internacional. Desafortunadamente, la misma cultura de la esclavitud  admitida y asumida por la mayoría de grupos de poder nacionales, ha sido uno de los principales obstáculos para que los mismos pueblos alcancen su desarrollo. Los pueblos reproducen la cultura de los grupos de poder y mientras dichos grupos ostenten su condición de esclavos, tanto ostentarán sus pueblos, salvo en los casos de sociedades en donde el conocimiento y su educación alcancen mayores niveles y sean ellas mismas, las que transformen su cotidianidad social, cultural, jurídica, económica y política. Sólo en ese caso, el destino y uso de los recursos naturales que poseen habrá de modificarse en función y servicio del desarrollo humano.

Pero también algunos grupos de poder económico que no pertenecen necesariamente a las históricas burguesías agrícolas transformadas en industriales, han contribuido al problema del equilibrio del ecosistema en su conjunto. El problema no se halla únicamente referido a los procesos productivos y procesos de trabajo de la producción material, indisolublemente, la cultura de la vida adquirida, asumida y asimilada por los grupos humanos esclavizados impacta en el deterioro global. El concepto del mundo, de la cotidianidad y de las estructuras básicas del sistema y ciclo holístico de la vida ha sido modificado e intervenido por el individualismo, el contravalor, la  doble moral y las desidentidades,  van más allá de la perdida de la identidad,  haber nacido, crecido, desarrollado y morir  sin haberla tenido nunca, significa que el ciclo holístico de la vida transcurre  sin ningún sentido de pertenencia, sin ningún valor, sin alguna razón, sin proyección y sin perspectiva. La vida misma se materializa porque adquiere solo una dimensión cuántica de la existencia. En todo ello, algunos de los nuevos grupos de poder económico nacionales o internacionales han contribuido a través de sus propias desidentidades y de la transferencia de éstas a las grandes masas de trabajadores directos o indirectos. De igual forma las experimentaciones nucleares, biológicas, bacteriológicas, biogenéticas, energéticas, económicas, culturales, ambientales, educativas y sociales de los países y grupos de poder económico nacionales e internacionales constituyen acciones primarias de alteración del ecosistema, en tal sentido, su discurso “solidario, consciente, respetuoso y comprometido con el bienestar de la naturaleza” no significa mas que la retórica necesaria que les facilita el camino de la variación de productos industriales alimenticios químico-artificiales y el uso desmedido de contaminantes y desechos industriales entre otros. Frente a tales verdades, el horizonte para reconstruir la cultura de preservación de la especie humana, animal y vegetal se cierra con mas celeridad, por el contrario, todas las señales indican mayor obstinación del mundo industrializado por erradicar las formas de vida natural y construir la suya propia.

Del cambio climático contemplativo a su verdad  antropogénenica.  

Parece no haber duda que en tales condiciones de subordinación, los estados pobres continuarán soportando el peso de la pobreza, hambre, miseria, desnutrición, analfabetismo, reducido nivel educativo  y esclavitud de sus sociedades, condiciones de subdesarrollo que ahora se disfrazan de objeto de medición para el “índice de desarrollo humano”, el cual, sin duda, ha sido una constante por casi un siglo que muy poco o nada se ha transformado hacia el bienestar real de la población, por el contrario, todas esas carencias han diversificado sus formas de expresión y existencia. En realidad, han sido las decisiones de los países industrializados de normar, dictaminar y condicionar las propias reglas de vida del mundo humano dependiente, las que han impactado y violentado la vida material y natural del planeta, han sido la industria armamentista, química, bacteriológica y otras tantas, las que han explotado irracionalmente durante toda la historia, las condiciones naturales propias del  ecosistema, incluyendo en éste, al mismo ser humano. Medir el cambio climático debe implicar la medición imperativa y urgente de la producción armamentista y  la explotación irracional y sostenida de los recursos naturales por parte de los mismos que ahora imponen y determinan las reglas sobre todas las formas de vida existentes en el mundo, medir el cambio climático debe ser mucho más que las definiciones técnicas y contemplativas de lo meteorológico, temperatura, nubosidad, presión atmosférica, lluvia-precipitaciones, y otras tantas que más bien constituyen el resultado de siglos de destrucción y transformación a todo el ecosistema que hace posible la vida, la existencia, medir el cambio climático debe ser de manera pronta, el encuentro con la verdad, el encuentro y transformación de las causas antropogénicas que continúan exhibiéndose como ajenas a las decisiones del poder económico internacional centralizado y concentrado en siete países más industrializados tales como Estados Unidos, Japón, Alemania, Reino Unido, Francia, Italia, España, Corea del Sur y Canadá, los cuales, curiosamente, insisten en políticas aplicadas al llamado Tercer Mundo en las cuales exigen el cumplimiento de múltiples requisitos de orden ambiental, jurídico, político, económico y de desarrollo que los mismos países industrializados les han arrebatado históricamente, sobre todo, a partir de la división internacional del trabajo impuesta después de la Segunda Guerra Mundial. De acuerdo al PNUMA[3] sobre el Panorama Ambiental Global, los “avances son escasos, lo que ha implicado que el planeta este hoy al borde de alcanzar a su límite sostenible…si la humanidad no cambia sus hábitos radicalmente, llegará a punto de inflexión que comenzara a manifestar sus primeros cambios irreversibles en 2020”[4]. Hasta hace unos 20 años, el problema del deterioro ambiental estuvo asociado predominantemente al carácter contemplativo de la naturaleza, es decir, a considerar los recursos naturales como parte del folklor y paisaje expresivo de las culturas.

Si bien las imágenes y paisajes naturales recrean los sentidos y estimulan las mismas condiciones de vida humana, dicha estimulación solo ha podido expresarse en naciones que han conservado sus riquezas naturales a través de la explotación de otras. Mientras en algunos países el diseño industrial, tecnológico y urbanístico adoptaba cierto equilibrio con la vida, desarrollo y progreso humano, en otras naciones, las pobres y esclavas, los grupos humanos continúan siendo desalojados de su entorno natural, de su hábitat, de su medio de sobrevivencia.  El objetivo es claro. Se trata de convertir en materia prima el recurso natural con fines de dominio colonial irracional e indetenible de la expansión militar tecnológica, industrial y experimental.  Dicho de otra manera, la responsabilidad histórica del desastre de los bienes naturales se halla en la propia humanidad, pero no en toda la humanidad, de dicha situación deben dar cuenta quienes han hecho posible la desnutrición, la miseria, el hambre, la explotación de los recursos humanos y naturales, la devastación de los bosques, la extinción de miles de especies animales y vegetales por motivos de recreación, comercio y todas aquellas formas de uso irracional, la responsabilidad histórica deben pagarla quienes han llevado a la humanidad al caos ambiental, quienes se han lucrado y enriquecido desde siempre, quienes han causado la peor ignominia a la humanidad hasta poner en peligro su propia existencia.

Hambre, desnutrición y cambio climático

Desde hace dos décadas, se hace continua referencia a lo que han dado por llamar “desarrollo humano”. Sobre esto, las ocurrencias acerca de sus indicadores y variables se diversifican casi cada año. La lista básica de cumplimiento no se reduce, por el contrario, aumenta. Esto indica que algunos organismos internacionales continúan inventando simbolismos que generan ilusiones de desarrollo en la población que cada vez adquiere más dependencia y subordinación. Aunado a ello, también el inalcanzable cumplimiento de dichos “indicadores de desarrollo” pone de manifiesto la despiadada usurpación de la riqueza humana, material y natural del mundo de algunos grupos de  poder económico internacional y de algunos países ricos sobre sociedades empobrecidas, moribundas, desnutridas y subalimentadas. Hoy en pleno siglo XXI todavía no aparece en la escena mundial el llamado “desarrollo humano”. Contrariamente a la retórica de muchos organismos internacionales que durante más de 50 años anunciaban el desarrollo justo y digno para el siglo XXI, ahora la realidad resulta ser otra. La sobreproducción capitalista de mercancías industriales y tecnológicas lanza al mercado sus productos y se empeña en lograr una rápida circulación de los mismos para la obtención de ganancias rápidas, de menos costo y de consumo permanente. Así las cosas, los productos agrícolas para la subsistencia, sobrevivencia y dignificación de la vida humana no figuran en el escenario de las disposiciones económicas. Acto seguido de dicho montaje escénico consiste en señalar todos los años la cantidad de niños, jóvenes y adultos que mueren de hambre, desnutrición y subalimentación, esta última asociada al engaño publicitario de comida rápida, la proliferación de comida chatarra, el encarecimiento de productos agrícolas y agropecuarios proteínicos y la irrestricción jurídica de estados nacionales complacientes con negocios alimenticios sin verificación, comprobación y control fitosanitario. Todo ello ha generado la cultura de consumo de productos desechables sobre los cuales buena cantidad de organismos internacionales que hoy se preocupan por la desnutrición y el hambre muy poco o nada han normado en materia de derecho internacional. Ahora las personas han aumentado el consumo excesivo de grasas y carbohidratos para sobrevivir. El aumento de azucares, carbohidratos y grasas transformados en excesos calóricos han producido el aumento de sin número de enfermedades cardiovasculares y orgánicas que se traducen en mayores costos en el sector salud, el cual, sin lugar a dudas, no resulta ser prioritario para los estados dependientes. Incluso, aun para los intereses del capital, el abandono de la producción agrícola substituida por el montaje de fábricas maquileras resulta riesgoso debido al encarecimiento de los productos agrícolas para la adecuada alimentación pone en riesgo su propia producción y  capacidad laboral de producir.

Ciertamente, la utilización  de los campos agrícolas convertidos en fábricas manufactureras tiene sus costos. Justo como sucedió en el siglo XVIII en la lucha entre capitalistas terratenientes e industriales, el abandono y la contracultura generada por el capital financiero, comercial, industrial y tecnológico en materia de producción agrícola derivó en consecuencias humanas irreversibles o de muy larga recuperación. El hambre y desnutrición tienen su historia. No basta con “preocuparse” por ello. Las decisiones para reordenar adecuadamente el ecosistema, cambio climático, medio ambiente y todas sus formas, han pertenecido siempre a los países industrializados y a la masa de grupos de poder económico internacional que se han repartido el mundo sin ninguna consideración, en consecuencia, algunos grupos de poder locales que sueñan con pertenecer al poder internacional, han asumido históricamente el papel de fiel servidumbre de los intereses de poder mundial. Pero la servidumbre también ha generado dificultades para el mismo sistema a tal punto que la misma hiperproducción de bienes materiales y la saturación de mercados suntuosos ha sido una de las principales causas  del abandono de la producción agrícola y de la regeneración de las condiciones propicias para su adecuada distribución en el mundo. En realidad, el problema del capital actual no consiste únicamente en el aumento del volumen de la producción sino, en  REPRODUCIR LAS CONDICIONES QUE GENERAN LA PRODUCCION CAPITALISTA multiplicadas y diversificadas, es decir, en reproducir las condiciones que hacen posible que el sistema exista, esto es, naturaleza, condiciones de vida de la fuerza de trabajo, recursos naturales, tecnología, educación, salud, y otros tantos que el sistema requiere para el cumplimiento de sus rotaciones[5].

Históricamente, han sido los países pobres, dependientes y esclavos quienes han pagado el costo humano y natural de la distribución irracional del mundo industrializado sobre todas las formas de riqueza del planeta. Pero ahora, la misma historia de sus hechos comienza a cobrar sus propias irracionalidades, racismo y discriminación. Aunque en mucho menor porcentaje, ahora la pobreza, desempleo, hambre, enfermedades y alteraciones del ecosistema comienza afectar a países del autollamado “primer mundo”. Las razones son claras. La ruptura del curso normal de la naturaleza violentada por innumerables experimentos químicos, biológicos, atómicos, militares, industriales y tecnológicos y otros tantos de los países propietarios del mundo que desde la década de los 80 iniciaron el discurso de “protección del medio ambiente”, también ha comenzado a cobrar la cuota a sus propias sociedades.  De acuerdo al “informe mundial sobre desastres de 2011”[6], el hambre mundial incluye a los mismos países industrializados, ésa es, quizás, su principal preocupación, la posible caducidad de sus formas y modos de vida proyectados como ideales para todo ser humano, al menos, así lo muestran los siguientes datos:







 

País

Personas que padecen hambre

Países de ingreso elevado

19 millones

Oriente próximo y Norte de África

37 millones

América Latina y el Caribe

53 millones

África subsahariana

239 millones

Asia y Pacífico

578 millones




































[1] Ticas, Pedro, Cultura, economía y desarrollo en campesinos Chinamperos de Xochimilco, México, D.F., DDF, México, 1990

[2] Ticas, Pedro, El Salvador: de la caridad internacional y la violencia, al mercado de la Administración Pública, Co-Latino, martes 22 noviembre de 2011. Págs. 16-17.

[3] Naciones Unidas, informe ambiental global GEO-5 PNUMA/UNEP Global Environment Inform Geo-5,  7 junio de 2012.

[4] Nick Nuttal, ibídem. Op. Cit.

[5] Ticas, Pedro, El debate sobre el libre mercado: del empirismo empresarial al uso ideológico del capitalismo, http://www.fondodeculturaeconomica.com/editorial/prensa/Detalle.aspx?secccion=Detalle&id_desplegado=12111

[6] Federación internacional de sociedades de la cruz roja y de la media luna, Informe Mundial sobre Desastres 2011- Hambre y malnutrición,http://www.ifrc.org/es/publicaciones/world-disasters-report/informe-mundial-sobre-desastres-2011/?gclid=CMvpuMP_n7UCFQaCnQoddCsAPw

 

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