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Pedro Ticas  
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70. Antropología económica del consumo y consumismo salvadoreño. Primera Parte

Antropología económica del consumo y consumismo salvadoreño

Primera Parte


 

Nota previa

He dividido este trabajo en dos partes. A manera de introducción, esta Primera Parte comprende algunas  consideraciones teóricas introductorias al análisis de las categorías de consumo y consumismo, en tanto, en la Segunda Parte  abordaremos los detalles de dichas categorías aplicadas al caso salvadoreño. Desde luego que aún con ello, el trabajo resulta insuficiente  para abordar la complejidad del fenómeno caracterizado por el dinamismo del trabajo vivo que lo transforma y redimensiona con celeridad. 

Como se trata de la construcción conceptual del fenómeno, no podemos abordar la particularidad salvadoreña si no incluimos las razones de contexto que facilitan el aparecimiento, fortalecimiento y coexistencia entre el consumo y el consumismo. Esto implica, aún de manera breve, una rápida revisión de las nuevas dimensiones, expresiones y formas de realización que el consumismo y el consumo han adquirido en los últimos años, sobre todo a partir de la Golobalizcion y sus nuevas formas de redistribución del mundo en lo económico, político, cultural, educativo y social que los paises industrializados han destinado para los paises pobres y dependientes. Al respecto, sin duda que la antigua forma que los paises ricos adoptaron para su distribución y reparto geopolítico de los paises que ellos mismos calificaron como “tercermundo, subdesarrollo, subcultura y bárbaros”, ahora han ampliado la calificacion a “países en vías de desarrollo” lo que pone en entredicho sus propios los modelos económicos, políticos, sociales, educativos y culturales impuestos en estos países, sobre todo porque se trata de sociedades desprovistas y desposeídas a quienes históricamente le han arrebatado sus propios recursos materiales y naturales.  En realidad el reparto geopolítico ha sido mucho más explícito después de la Segunda Guerra Mundial. La División Internacional del Trabajo ordenada por los mismos pasies industrializados participantes en la guerra puso en marcha una nueva forma de globalizar los recursos naturales, humanos y materiales de todos los paises, globalización que desde luego no incluyó la distribución de los recursdos de las sociedades industrializadas hacia los países pobres. A cambio de unas cuantas máquinas obsoletas, los países pobres concedieron riquezas naturales y conocimiento cientifico a quienes quedaron desvastados por dos guerras, las cuales, en efecto no fueron mundiales, sino regionales. El conecpto de guerra mundial fue utilizado para que paises pobres pagaran los costos económicos, logísticos y naturales de guerras totalmente ajenas a sus intereses y realidades.  Asi las cosas, el concepto de Globalización tiene sus antecedentes. Lo nuevo  consiste en comprender las formas en las que estos mismos paises pobres y dependientes continuarán asumiendo los costos de aventuras militares, eocnómicas, políticas y sociales que los países ricos se empecinan en mantener debido a las enormes ganancias obtenidas, las cuales en realidad, ahora parecen estar mas concentradas por un reducido grupo capitalista en el mundo.

Si bien la globalización nace con el interés de los estados industrializados  de continuar determinando la vida de otros, ahora el mismo formato utilizado para dichos propósitos ha revertido su propia génesis. En tanto la globalización distribuyó la economía por regiones, áreas y segmentos, dicha distribución ha provocado reconformaciones sociales y movimientos estructurales en regiones y áreas geográficas históricamente olvidadas por el desinterés de los grandes capitales multinacionales. Ahora esos países con funciones de Amo se han percatado que aquellos en condición de Esclavos requieren mucho más que su propia sobrevivencia. No basta con proveerles lo básico para su subsistencia,  ahora se requiere de integrarles al enorme mercado de los bienes materiales producidos por más de 60 años en los países industrializados en el área industrial y tecnológica. Pero también dicha sobreproducción y sobreacumulación se revierte contra los intereses de capitales individuales obligándoles a la reproducción capitalista ampliada, lo que hace imperativo que dicha sobreacumulación capitalista invierta en las demás esferas de la vida, esto es, la naturaleza misma en todas sus formas, incluida en ella, el mismo ser humano. Se trata de la inversión de capital en las distintas esferas de la producción humana tanto en lo material como lo intelectual. El ser humano es mucho más que producción económica y por tanto  sus formas de producir el mundo no están únicamente determinadas por lo material, también produce ideas, sensaciones, emociones, conductas y comportamientos, colores, olores, figuras y símbolos que se constituyen como formas de aprehensión del mundo para vivir (reino de la necesidad) y el mundo para producir (reino de la libertad), en tal sentido de comprender la producción humana más allá de lo material, la globalización de nuevo tipo incorpora obligadamente al concepto de lo humano todo lo que construye, formula, elabora y produce en todas las esferas de la vida, particularmente de la cultura y lo cultural. Esto implica que finalmente los países ricos han comenzado a reconocer y comprender que la globalización económica y el consumo de lo material requieren inevitablemente de lo educativo y éste de lo cultural. Aunque el objetivo principal de lo comercial sea el consumo excesivo de mercancías, aunque en lo educativo se disponga instruir una gigantesca masa de operarios  en oficios especializados, nada de ello puede ser posible sin la intervención de la cultura y lo cultural que se configura cotidianamente. 

El consumo material y el consumismo cultural 

Construir ambos conceptos no es tarea fácil, de hecho, distinguir sus diferencias consituye un compromiso teórico. Requiere de un proceso de elaboración continuo que logre discernir los elementos propios del consumo material y los que hacen al consumismo simbólico-cultural.  El primero se halla determinado por las condiciones propias de la producción material capitalista en virtud del valor de uso que adquiere la mercancía consumida, comprada o intercambiada. En ella su valor depende básicamente de ciertas definiciones relativas al proceso de producción y proceso de trabajo, esto es, las referidas al costo y precio de producción. Pero aún y con todas las formalidades históricas de la producición material capitalista, también en la medida que se incorporan nuevas formas de capital, el valor de dichas mercancías se trastoca con otras esferas de la producción en las que lo tecnológico asume múltiples regulaciones, expresiones y funciones que obligan a su  renovación y adecuación constante debido a las nuevas formaciones sociales emergentes, eso hace que aún en su estricto sentido económico-comercial, las mercancías, su valor y su condición de uso experimenten alteraciones no previstas por el mismo sistema.

El segundo se encuentra intrinsecamente vinculado con el primero, sin embargo, las reglas no rigen de la misma forma y proporción. Esto implica que no siempre lo económico determina las demás condiciones de la vida humana, salvo en el caso de sociedades en las que imperan las relaciones socio-mercantiles sobre todas las formas de producir el mundo. Contrariamente a este ultimo tipo de sociedades, existen otras en las cuales lo simbólico-cultural determina o predomina sobre las relaciones sociales de la producción material o intelectual. En ellas, el consumismo de los objetos, mercancías o simbolismos adquiere otras dimensiones y precisiones ideológicas. El consumismo se ordena, se programa, se convierte en objeto representativo del Yo individual o del grupo en relación con su historia, modo de vida, cosmovisión y particularmente, proyección de su propia identidad.

De acuerdo a lo anterior,  la construcción del concepto de consumo inicia en primera instancia estableciendo que las formas de expresión del comportamiento económico de la poblacion se hallan plenamente articuladas con la asimilación histórica del concepto cultural del consumismo, que si bien en la esfera de lo mercantil expresa ciclos repetitivos y constantes de compra-venta propuestos por el sistema, también se encuentra vinculado a  modelos educativos, formas de vida de la unidad familiar, visión del mundo de los individuos y sus propias perspectivas, asi como el  sentido de la vida que poseen asignado de generación en generación de manera endocultural. En el caso salvadoreño, las categorías socioculturales derivadas de la vida endo-étnica de la población, explican, sin menester de sus particularidades, la volatil, fragil y tempestiva adopción de casi cualquier símbolo mercantil que sea susceptible de compra o intercambio. Dicha condición se reafirma permanentemente. La reproducción de patrones culturales ajenos, la desarticulación de su visión del mundo, el desinterés por lo Otro y del Otro, la idea firme de sustentar que el fin justifica los medios, la enaltesida convicción que solo interesa el presente reducido a su mínima expresión, la ausencia de pensar en el mañana porque demanda mucha responsabilidad, la inmediatez para la resolver problemas, constituyen apenas algunas de las singularidades que conducen al consumo a ultranza en la mayoría de salvadoreños, aunque claro, con las excepeciones de siempre.  En esta construcción,  conviene recordar que dicho concepto debe considerarse desde sus múltiples, inacabadas y constantes transformaciones simbólicas, empíricas y cognitivas. En el caso salvadoreño, requerimos explicar el fenómeno a  partir de su diversidad y fundamentalmente, de las articulaciones que unen esta diversidad, es decir la Unidad de lo Diverso para desprender de ello lo sincrético y su devenir. Se trata de distinguir las singularidades culturales y desde luego establecer las correlaciones que se generen de manera asociada a las formas de Globalización mercantil que generan el consumo y al consumidor. 

El carácter economicista del consumo material

Con toda seguridad, al tratar el consumo como producto mercantil podemos comprender las reglas básicas del proceso de trabajo y proceso de producción en el capitalismo. Pero también, el desarrollo de las formas capitalistas mercantiles exige la inclusión de disimiles elementos que si bien se hallan articulados al proceso de trabajo directo, esto no implica su absoluta dependencia a las reglas de ese proceso, por el contrario, se confiere a la mercancía un valor adicional a su valor económico que resulta esencial para determinar lo que en realidad se compra y se vende, es decir, la cultura que se produce más allá de las reglas de la producción material

Hace algún tiempo, me ocupé de señalar que desde el siglo XX se ha exigido a países dependientes la obligatoriedad de aceptar, asumir y asimilar patrones culturales para el consumo mercantil que los países industrializados les impone, ignorando con ello las diferencias históricas marcadas por las identidades nacionales que ahora  pasan a segundo término debido a la globalización y regionalización. Sin duda que hoy se nos presenta una nueva forma de Colonialismo que incluso “supedita la historia y las propias Constituciones Nacionales[1] a las normas y reglas de las aventuras económicas, políticas y sociales de los países industrializados sobre los dependientes. Desde luego que no todas las formas de globalización deben considerarse como responsables de la ruptura de estructuras socioeconómicas, culturales e históricas de la sociedad salvadoreña. En el tipo de globalización que hoy experimentamos, una de las características de esta Globalización consiste en poner al descubierto las enormes brechas entre pobres y ricos las cuales reflejan la desigualdad económica, educativa y social entre su población y la perenne condición “tercermundista” del país.  Pero también en algunas áreas, la globalización ha contribuido en el orden científico y tecnológico (vacunas, medicamentos, radio, televisión y otros) que han favorecido el desarrollo humano en general aunque lo mejor de dichos avances continúan siendo de exclusiva propiedad de las sociedades industrializadas. En definitiva, en términos conceptuales sobre el Consumo habremos de insistir en el riesgo que conlleva asumir la necesidad de globalizarse sin defensa y protección de la identidad, de lo propio. Pensar en el consumo como dinámica mecánica del comportamiento colectivo y aceptar sin mayor contrapeso dichas reglas mercantiles podría confinar  en el futuro a la asimilación de lo heterogéneo, multicultural y pluricultural como discurso del pasado sin comprender que solo lo diverso crea la unidad. El consumo en resumidas cuentas va más allá del orden material. Subyace en el mismo, el sutil mensaje de perder lo propio, de menoscabar lo histórico y la propia inteligencia.

El carácter cultural del consumismo

En el plano del devenir consumista,  conviene distinguir los elementos conducentes al consumismo en virtud de las particularidades de los grupos receptores, es decir, consumidores. Una de estas distinciones consiste en el estudio del concepto de estado-nación sostenido hasta finales del siglo pasado y que ahora ha comenzado a transfigurarse,  es decir que los estados dependientes se circunscriben al marco de lo supranacional en donde lo propio, la autonomía y en algunos casos, la misma autodeterminación, se supedita a normas, reglas y disposiciones jurídico-económicas de los países hegemónicos, incluyendo las mismas Constituciones Políticas en las que se obliga la reorganización de sus formas sociales, jurídicas  y económicas. a tal punto que “las sociedades se transforman y en buena parte de ellas desaparece el concepto de proletariado, obrero y otros tantos acumulados desde hace más de 200 años porque simplemente la evolución de las mismas conlleva a la conformación de nuevas definiciones teóricas sobre la sociedad civil y sociedad política”[2].  Si la globalización invade todas las esferas de la producción humana, incluyendo en ellas la modificación de varias categorías históricas , entonces adquiere mucho mayor fundamentación la relación consumismo-cultura, sobre todo en el caso nacional en donde el capital financiero determina las reglas del comportamiento mercantil en todos los niveles, esto es, desde el comercio individual y familiar en la calle, almacenes y centros comerciales hasta los comedores mismos tales como biguest, pollo campero, piza hut y otros tantos.

Si nuestra tesis consiste en aducir que el consumismo se halla determinado por la cultura mientras el consumo se sustenta en las reglas definidas por el sistema en el cual se establece, entonces el consumismo infiere una conducta de la cual se apropia el Yo Consciente en virtud de su relación con el Yo explicado en el Otro, en lo Otro.  Conducta y comportamiento emergen sincrónicamente en razón de lo social. La conducta implica una serie de valores y subvalores adoptados, asimilados y determinados por la conciencia subjetiva, es decir, por el propio Yo. Dicha conciencia impone gustos, contemplaciones e imaginarios socioculturales que diferencian a cada individuo proporcionándoles un sentido de pertenencia en la construcción de su propia identidad. Por su parte, el Comportamiento resulta ser una expresión del Yo vinculado con el Otro, esto es, con la colectividad. Las reglas en el comportamiento no tienen carácter fijo, constante. Coinciden con la naturaleza misma de la conducta predominante en el todo social, coinciden con las reglas vigentes para la colectividad que pueden ser efímeras, coyunturales o eventuales. Sin embargo, independientemente del tiempo de su manifestación, tanto la Conducta como el Comportamiento estructuran una serie de símbolos y significados que escapan al dominio pleno del Yo y logran reproducirse en el Otro, por ello, símbolos, significados, significantes, mensajes, figuras, colores y formas se agrupan en la conciencia individual y trascienden hacia lo colectivo. Esto permite que en el Consumismo, los elementos anteriores tomen forma material susceptible de intercambio, de compra-venta y por tanto, un valor de cambio en el mercado. Precisamente los elementos antes expuestos son los que otorgan significados relacionados con el prestigio, poder, autoridad o pertenencia a los individuos. En todo ello reside precisamente su carácter cultural, en lo que el Otro le reconoce e identifica, le distingue o le hace parte del grupo.

El contexto económico salvadoreño del consumo material

Todo parece indicar que en este país, ciertas conductas heredadas  del feudalismo coexisten con la modernidad de las relaciones sociales en el mundo.  La predominancia del capital financiero con modelos anacrónicos todavía impacta y determina las reglas del mercado nacional en todos sus niveles, formas y expresiones. Pareciera ser que buena parte del capital financiero, especialmente la banca, todavía responde a modelos anacrónicos y en consecuencia las reglas establecidas para el desarrollo del capital comercial continúa realizándose al estilo de las grandes haciendas.  Sin duda, tal situación debe ser observada tanto para el análisis económico como social. En términos generales, los individuos asimilan la cultura transferida por el comportamiento de un sector del capital bancario marcado por el rezago, lo anacrónico y obsoleto.  En lo social, el rezago de dicho capital impacta las relaciones de los individuos en distintos planos, esto es, con las instituciones, sus medios de trabajo, familia, comunidad, producción material e intelectual, concepto del mundo, cultura, identidad y tantos otros elementos que se derivan en relaciones sociales inestables, desleales e intolerantes de tal suerte que “también se hace violencia cuando se obstaculiza la inteligencia, la creatividad y las más elementales formas de expresión humana, de manera que no cabe duda que esa es una de las peores formas de violencia, la que se oculta en el atrevimiento de la ignorancia”[3], condición que desde luego favorece la reproducción del consumo material marcado por la falta de identidad con lo que se produce de manera propia y nacional.

El Salvador ocupa el deshonroso tercer lugar de mayor consumo en el mundo. En enero de 2011, de acuerdo al informe de Naciones Unidas[4] por “cada 100 dólares producidos se consumen 102,4 dólares”.  “El Salvador invierte poco y ahorra aún menos: en 2008 y 2009, la inversión promedió el 14% del PIB (producto interno bruto) y el ahorro el 9,3%”, añade el documento, e indica que “en contraste, los países de alto crecimiento económico presentan tasas de ahorro e inversión del 25% o más con relación al PIB”[5]. En el mismo sentido se señala que “El Salvador es uno de los cuatro países de América Latina que más ha perdido productividad en relación a EE.UU. “El Salvador ha tenido un crecimiento de 1,1% desde 1960. Se necesitarían 29 años para alcanzar el nivel de desarrollo de Costa Rica y 47 años para alcanzar el nivel de desarrollo de Chile…”[6]

Pero también el problema del consumo está asociado a casi todas las esferas de la vida, a la visión del mundo de casi toda la población. Por ejemplo, en la relación alimentación-consumo, obtiene más valor simbólico la compra de una mercancía suntuaria (decoraciones, CD, equipo electrónico, etc.) que la compra de alimentos, esto resulta de la cultura alimenticia de una población acostumbrada a sobrevivir. Comencemos por lo básico. La deficiente herencia alimenticia del período Colonial ha dejado en algunos grupos de poder económico y subsecuentemente en casi toda la población, una conducta y cultura institucionalizada (el Yo) de rezago social reflejada en la cultura alimenticia, la cual, entre otras cosas, se reproduce  en ciclos constantes debido a los bajos salarios que apenas cubren lo indispensable para la sobrevivencia.

 

 

 

 

 

 



[1] Ticas, Pedro, Cambios culturales, economía y migración en Intipucá, La unión, 2ª. Reimpresión, Ed. Universidad Pedagógica de El Salvador, 2007. Pág. 23

[2] Latapí, Pablo, La participación de la sociedad en la definición de políticas públicas de educación: el caso de observatorio ciudadano de la educación, UNAM, México, Sept. 2004 (Citado en Ticas, Pedro, Comercio de la calle y urbanismo: dos formas inevitables de la relación dinero-cultura, Co-Latino, 17 de septiembre de 2007. Pág. 12)

[3] Ticas, Pedro, Socioantropología de la violencia: los genes y las teorías de la conducta heredada ( criminología biológica), Co-Latino, El Salvador, noviembre, 2001

[4] Naciones Unidas, “De la pobreza el consumismo al bienestar de la gente”, Informe sobre Desarrollo Humano El salvador, 2010.

[5] Barathe, Richard, presentante residente adjunto del PNUD, (Citado en http://elmundo.com.sv/pnud-dice-el-salvador-es-tercer-pais-con-mas-consumo-del-mundo-y-pide-ahorrar, 18 de enero de 2011)

[6] Ibidem. Op. Cit.

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  Pedro Ticas  
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