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Pedro Ticas  
 

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46. Protección Civil, independencia y arcaismo político: la eterna condición de la esclavitud nacional
Protección civil, dependencia y arcaísmo político: la eterna condición de la  esclavitud nacional

 
Qué es eso que llaman Protección Civil ?
El concepto de Protección Civil aparece institucionalmente el 12 de agosto de 1949 en el Protocolo 2 adicional al Tratado de Ginebra referido a la Protección a las víctimas de los conflictos armados internacionales (experimentados después de las dos guerras mundiales) o en su caso, a la Protección Civil que se desprende de conflictos internos que generan violencia o delincuencia y hacen de los símbolos violentos, su propia codificación sistémica del delito[1]. Pero en términos generales, se entiende que la Protección Civil  comprende la ejecución de una serie de tareas de orden social tales como:  asistencia y seguimiento educativo escolarizado, evacuación, habilitación y organización de refugios, servicio de alarma, aplicación de medidas de oscurecimiento, salvamento, lucha contra incendios, señalización de áreas o zonas peligrosas, descontaminación, medidas de urgencia para el restablecimiento de los servicios públicos indispensables, servicios funerarios de urgencia; asistencia para la preservación de los bienes esenciales para la supervivencia, en fin, todas aquellas actividades necesarias para la satisfacción de las necesidades emergentes consideradas previamente en una Política de Protección Civil a partir de la organización de la sociedad civil, la cual constituye el verdadero Sistema de Protección Civil y aunque el concepto de Protección corresponde más a los estados paternalistas surgidos de las dos posguerras, su condición institucional obliga a su articulación con el macro mundo de lo social[2].
Sin duda que la idea de la Protección de la sociedad civil se suscita por la diversidad y multiplicidad del mobiliario urbano alcanzado con el desarrollo de la industria y el comercio. Su cometido,  entonces, además de responder a los conflictos bélicos, se inserta en la complejidad adquirida paulatinamente con el desarrollo de las ciudades que hacen de los bienes materiales su propia condición de existencia intervinculada con la actividad humana en el orden habitacional, productivo y comercial. Ciertamente, las llamadas sociedades modernas tienen como destino la precondición humana de fijar toda su actividad en lo habitacional, productivo y comercial, en tanto, las relaciones humano-sociales se pierden, transfiguran o fracturan por la incapacidad del estado de establecer las conexiones pertinentes entre las instituciones y los individuos. Desafortunadamente, en el caso salvadoreño, se trata de instituciones subordinadas históricamente al pensamiento político partidista que no devela más allá de sus propias concepciones provincianas y obsoletas, las cuales, en materia política, están siendo superadas por las mismas dinámicas de la sociedad civil y con ello, los antiguos, ortodoxos y anacrónicos sistemas partidistas se subsumen en su propia inviabilidad.  La protección de la sociedad infiere también, la necesidad de un estado que resuelva las condiciones básicas para la subsistencia humana, esto es, educación, salud, vivienda, producción, alimentación y otros tantos que en países como El Salvador resultan más que iracundas demandas de la población, resultan pues, la histórica condición de asimilación de una cultura de la dependencia, subordinación, caridad y precariedad. En realidad, desde la Colonia, la asimilación de una cultura del eterno lamento y vivir de las donaciones o compasión de otros países, ha sido substancialmente fortalecida por algunos grupos de poder, gobiernos e instituciones facilitando la reproducción de la cultura del miedo, la inseguridad y la deslealtad acompañadas de la necesidad del ejercicio simbólico del poder y la autoridad, por ello,  “la burocracia ministerial se convalida teniendo sesiones y las relaciones de cooperación entre organizaciones del público y administración no se pueden regular tan sólo con informes administrativos”[3], el intervínculo más complaciente entre las instituciones y la población se alcanza con la constante interacción fracturada por una ascendente brecha que cada vez rompe más el vinculo entre población e institución. Quizás por ello, este país mantiene un calendario de enfermedades crónicas que cada año aparecen con exactitud, mientras anualmente se repiten casi los mismos desastres provocados por humanos y llegado su momento, desastres provocados por fenómenos naturales. Visto de esta manera, la reproducción de las condiciones que generan la subordinación pasa de su estado cultural a convertirse en modo y forma de vida, desde lo cual, por ejemplo, muy poco podría exigirse una cultura diferente de las familias de migrantes que únicamente se acomodan a recibir su depósito mensual.

En definitiva, la conceptualización de Protección Civil adquiere disimiles determinaciones filosóficas, técnicas, metodológicas y empíricas. Conviene advertir que dicho paradigma debe ser producto de la contrastación permanente entre las adecuaciones sociales y las posibilidades político-administrativas de un estado en permanente transformación, de hecho, la política de protección civil no puede ser generalizada a la diversidad social, su verdadera efectividad se alcanza a través de sus particularidades operativas, metodológicas y técnicas porque la razón del cometido  de su funcionamiento reside en las singularidades de la población y en ella, la virtud de su participación. Sin duda que dicha consideración exige el avance de todos los sectores, grupos etáreos a un estadío superior que posibilite la articulación armónica y funcional de toda la sociedad, suponer que el activismo sin fin y las soluciones temporales y eventuales constituyen el quehacer institucional de la Protección Civil entendida en todas sus formas, llevaría al más extremo empirismo cortoplacista, la inmediatez arbitraria y en consecuencia el burocratismo absoluto de instituciones y personas de carácter público y en consecuencia a la eterna condición de vivir en permanente emergencia.   Pero el asunto de la cultura de la dependencia impuesto por la Colonia también ha variado y ampliado sus connotaciones de forma holística en toda la actividad humana. Economía, modelos educativos, salud, diseño territorial urbano-rural, administración pública, relaciones de parentesco, lenguaje y todas las que refieren el involucramiento de la actividad humana intelectual o material, continúan expresando una cultura del sufrimiento,
Por ejemplo, en lo político, social y económico, el individuo se muestra inseguro de tomar decisiones de trascendencia para su vida, prefiere que otro las tome por él debido a su temor al riesgo, entiende que si él hace lo que no debe hacer, otro hará lo que a él le corresponde hacer y que por tanto, se exime de responsabilidad[4]. En el caso de las instituciones, en la cultura de la dependencia, las catástrofes, calamidades o desastres naturales, generan de inmediato la reacción asistencial heredada de la Colonia y los individuos que laboran en las instituciones tratan de alcanzar formas empáticas de lamento y compasión, que en buena medida, vienen acompañados de la deslealtad, desconfianza, utilización del hecho y la inseguridad. Una cultura poblacional en tales condiciones, muy difícilmente logra transformar el concepto de Protección Civil porque depende predominantemente de la caridad, el asistencialismo y la condición de invalidez que no hace más que reproducir el círculo interminable del llanto y el lamento propio de la esclavitud.

Contrariamente, la buena administración pública en gobiernos capaces, futuristas, responsables, eficientes con políticas públicas a largo plazo orientadas a la prevención de desastres sociales provocados por fenómenos naturales, la cultura de la dependencia se reduce hasta su extinción. Desafortunadamente, en la mayoría de países latinoamericanos, son muy pocos los gobiernos centrales que se aprestan a lograr dichos cometidos, y en algunos casos, cuando lo hacen, reciben muy poca colaboración de los gobiernos locales debido a su provincialismo y reproducción de modelos hacendarios de pequeños feudos, reinados o principados. Sin duda que el crecimiento poblacional, el desarrollo tecnológico y las nuevas exigencias que todos los países tienen para no quedarse fuera del contexto internacional, complejiza aún más las formas que adquiere la Protección Civil. Sin embargo, el mismo sistema capitalista genera sus virus y antivirus.
El virus de vivir de la caridad internacional o nacional, del asistencialismo y la dependencia puede ser contrarrestado con los mismos cuerpos que genera el sistema expresado en el Comercio y el Mercado. Resulta que el mismo concepto de Mercado provee a la Protección Civil sus mismos instrumentos. Redes sociales, reciprocidad simbólica y material, logística operativa, seguimiento, evaluación, participación, actualización y ejecución de las acciones constituyen algunos de los elementos más importantes. Desde luego que para lograr dichas analogías se requiere de gobiernos locales con visión y proyecto de nación que superen el cortoplacismo, la inmediatez y el practicismo imbrico de la condición de esclavo. En ello inciden substancialmente las prenociones y predeterminaciones políticas del ejercicio de la Autoridad y el Poder[5], conceptos sobre los que desde hace años he señalado su lamentable traslape conceptual y operativo y por tanto, en algunas ocasiones,  la incapacidad de los gobiernos locales de ejercer el poder a través de la autoridad y en consecuencia, la confusión político-administrativa pertinente, de manera que su propio arcaísmo político se convierte en su principal ruptura institucional. Tal como sucede en materia de la política de estado nacional, los gobiernos locales reproducen sus formas. “En este nivel el sistema político (territorial) consigue diferenciarse mediante el esquema centro/periferia, y este modelo de diferenciación lo pueden lograr tan solo las organizaciones…”[6], dicho de otra manera, definir políticas publicas desde el modelo centro/periferia no innova la administración publica, mas bien, ratifica su arcaísmo conceptual, ideológico y político en tanto no se comprenda que las políticas internas son iguales a las externas porque en ellas se expresan las cogniciones y determinaciones políticas del concepto de estado y su intervínculo con lo otro, con lo que lo hace y reproduce: la sociedad en pleno, lo que en última instancia implica unir el concepto y acción de la Protección Civil con toda la actividad material e intelectual de la sociedad y operativizarla a través de la cultura, política, educación, organización y la producción de los bienes que aunque parezcan privados, su individualidad les transfiere un sentido público y colectivo.
 

[1] Ticas, Pedro, Revista Criminalistica.com.mx/index.php/La pagina de criminalística de México, Antropología Forense, México, DF., 22 de Noviembre de 2009.
[2] Ticas, Pedro, Antropología de la seguridad ciudadana, SEGOB, México, 1992. Pág. 13
[3] Torres Nafarrate, Javier, Luhmann: la política como sistema, Ed. EFE- UNAM, México, 2004. Pág. 271
[4] Ticas, Pedro, La cultura de la esclavitud y su institucionalidad en países dependientes, Co-Latino, 6 febrero, 2008
[5] Ticas, Pedro, Apuntes sobre institucionalidad, gobernabilidad y política: entre el poder y la autoridad, Co-Latino, 9 de diciembre de 2003. Pág. 19
[6] Torres, N., Heinz vin Foerster, Principles of Self-Organization, Berlin, 1984. Pp.2-24

 

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  Pedro Ticas  
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