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Pedro Ticas  
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31. Educación y Política Agrícola: el modelo de la Microunidad productiva

 

 Educación y Política Agrícola: el modelo de la Microunidad productiva
 
 
                                                                                                                                    
 
La cuestión económica
 
En la primera parte de este trabajo publicada en este periódico el 29 de abril bajo el titulo de “El Salvador: de la desnutrición a la hambruna (educación y agricultura)” establecí algunas consideraciones previas para el abordaje de la problemática nutricional en El Salvador. En realidad se trata de observar en el fenómeno mundial de la llamada “carestía de alimentos”, las condiciones productivas, culturales y sociales sucesivas y permanentes que durante siglos han mantenido a las sociedades dependientes en la más exprofesa desnutrición y hambruna, por ello, estos fenómenos que ahora se presentan como novedosos y alarmantes no son más que la figura simbólico-ideológica que difunden los estados industrializados para exonerarse de sus propias culpas históricas de dominio y sojuzgamiento sobre los países más pobres, pobreza que desde luego resulta de la escuela colonial hacendaria de organizar y explotar los recursos humanos y materiales internos del estado y del acelerado proceso de colonización sociocultural, industrial y tecnológica al que han sometido a los pueblos dependientes.
 
Pensar la pobreza alimentaria implica establecer una serie de correlaciones de orden histórico-culturales y sus respectivas derivaciones productivas, educativas y sociales. En principio de cuentas, no se trata de la carencia de alimentos, sino de la problemática que el sistema capitalista enfrenta para la producción, distribución y consumo de los mismos, es decir, de la reducción de las condiciones que generan la circulación de los alimentos en el marco de las enormes brechas creadas entre la agricultura y la industria de orden tecnológico. Se trata de la dificultad que enfrenta el sistema de producir una Ganancia Media que garantice ganancias de capitales individuales, corporativas y de estado. Excepto en aquellos países con Proyecto de Nación, ha sido tanto el capital destinado a la industria tecnológica que su distanciamiento con la producción agrícola ha provocado más rupturas que unidad entre ambos. Contrariamente a esta condición, países como Canadá han invertido en programas agrícolas articulados por tres dimensiones: educación, investigación y participación gubernamental y privada. Hace más de cien años que Canadá desarrolla un amplio sistema de apoyo a la producción agrícola. El sistema consiste en educación, investigación y extensión en el gobierno federal y gobiernos provinciales, en las universidades y en la actividad privada (industria). En 1967, el gobierno federal era el que más contribuía a la investigación agrícola con el 53%, las universidades el 29%, los gobiernos provinciales el 10,6 % y las industrias el 7,4%. Estas proporciones cambiaron en 1977 al 60%, 28%, 5% y 6% respectivamente y en la actualidad tan solo el 50% de la investigación realizada en Canadá es del gobierno federal, 35% de las provincias y universidades y 15% de las industrias”[1]. Sin duda que en países con Proyecto de Nación, una política agrícola diseñada para el crecimiento nacional significa desarrollo educativo, científico y tecnológico; pero cuando se trata de países con diseños públicos y privados obsoletos, feudales y de poca perspectiva nacional, los modelos agrícolas responden más a los intereses de capitales individuales circunscritos a lo local, la hacienda y sus alcances geográficos apenas se extienden a pequeños poblados en los cuales, la ganancia, ganancia media y ganancia extraordinaria es absorbida por el bolsillo del mismo capitalista que entre otras cosas limita y obstaculiza el desarrollo porque su pensamiento resulta tan anacrónico como la actividad económica misma, así sucede en el caso salvadoreño en donde la producción agrícola no ha sido más que la organización de pequeñas unidades de subsistencia básicas con características propias de la hacienda colonial lo que explica por qué en este país, la agricultura dejó de ser parte del diseño capitalista industrial para convertirse apenas en una expresión de la economía parcelaria. A pesar del reordenamiento del capital internacional, los signos en este país no parecen cambiar. Todo indica que la cultura de la hacienda se ha trasladado a la actividad comercial de nuevos rubros tales como  pesca, maquila y servicios, pero en esencia, buena parte de capitalistas individuales no trascienden sus propios linderos parcelarios que se expresan en su microvisión del mundo, su nicho organizativo económico y su miedo a la competencia, la ciencia y el progreso. Con todo ello, “resulta imperativo transformar este modelo económico anacrónico con el objetivo de disminuir los riesgos de descapitalización que se derivan de este provincialismo y localismo económico sostenido durante tres siglos”[2] sobre todo ahora que el capital comercial internacional impone nuevas conductas a partir de la transformación del capital agrícola en capital bancario con orientaciones tecnológicas. Al respecto, esta transformación ha provocado desequilibrios de ordenamiento de la economía nacional en la que pese a las nuevas disposiciones internacionales, el modelo económico salvadoreño continua siendo Finquero y artesanal. Aquí y ahora, la banca interviene otorgando créditos a campesinos productores con muy pocos resultados. Como es de esperarse, los créditos otorgados tienen como propósito elevar el valor de la tierra y obtener mayores ganancias con el objetivo de revender o arrendar la tierra para nuevos usos y destinos, en tal sentido, ¿existe en El Salvador un sistema agrícola nacional?. Es evidente que la política agrícola está diseñada para modificar el uso de la tierra, suspender o minimizar la producción agrícola y abrir paso a la rentabilidad comercial. Al respecto de los créditos bancarios para la producción agrícola, comencemos por señalar que la cuota de interés depende de: a) la cuota de ganancia y b) de la relación con arreglo a la cual se distribuye la ganancia total entre prestamistas y prestatarios, es decir, "lo que se paga en concepto de interés por el uso de lo que se recibe en préstamo constituye una parte de la ganancia que lo prestado es capaz de producir", aunque esta relación se circunscribe al acuerdo entre banqueros e industriales, también existe (de acuerdo al desarrollo de cada país) una tendencia a reducir las tasas de interés completamente al margen de las variaciones de la cuota de ganancia debido entre otras cosas, al sistema de créditos en los que intervienen banqueros, industriales y comerciantes que puedan disponer de los ahorros en dinero (renta en dinero) proporcionados por la sociedad en su conjunto. Una vez generada esta condición, la cuota media de interés se calcula estableciendo la media del tiempo de interés a través de los cambios sucedidos en los ciclos industriales, de igual forma, mediante el tipo de interés fijado en inversiones sobre capital prestado a largo plazo[3].
 
La cuestión educativa  (la antinomia entre el saber y el hacer en tecnología)
 
La articulación de producción agrícola y educación resulta de la necesidad histórica e imperativa de vincular distintos elementos. Como hemos señalado anteriormente, las formas agrícolas tradicionales de este país han sido orientadas a la producción de sistemas hacendarios y muy aisladamente, de campesinos propietarios o arrendatarios de algunas tierras que han hecho de su producción su medio básico de subsistencia. Frente a este fenómeno, desde luego que el modelo educativo ha estado orientado a reproducir una masa gigantesca de “jornaleros campesinos” como fuerza de trabajo barata y bajo condiciones elementales de sobrevivencia, es decir, alimentación de sobrevivencia (frijol, tortilla, arroz y eventualmente queso y huevo) y en el mismo sentido, bajo condiciones básicas de escolaridad primaria (máximo 4º. Grado) que no demande mejores niveles de vida. Naturalmente, esta cultura vivida hasta inicios de la guerra se ha modificado. Migración y abandono de las tareas del campo de las nuevas generaciones están conformando nuevas identidades rurales en las que el fenómeno de las remesas ha impuesto una dinámica diferente.  Resulta interesante observar el fenómeno educativo en el marco de las nuevas exigencias internacionales. Hoy los nuevos bloques económicos demandan el uso imperativo de la tecnología al servicio de la educación. Desde la premisa de asumir que las tecnologías pretenden elevar el desarrollo cognitivo, productivo y científico de las sociedades, habremos de considerar algunos puntos irresueltos. No todas las sociedades cuentan con el mismo nivel, capacidad humana y material para la asimilación de dichas tecnologías.
 
Probablemente, El Salvador experimenta la misma situación vivida por la antigua Unión Soviética en la cual su población pasó de una etapa feudal a un modelo socialista sin conocer la etapa del capitalismo industrial y sus respectivas derivaciones. Tal parece que en este país, buena parte de la población urbana y rural (excepto algunos grupos, sectores o individuos de avanzada) aún conviven con formas de relación social propias de la Colonia a las que simultáneamente deben incorporar nuevas formas capitalistas tecnológicas. Así se muestra en la conducta social, hábitos y costumbres, incluso en el lenguaje (todavía se refieren a las áreas urbanas como “casco urbano”) a la usanza de las haciendas. En realidad en términos educativos, existe una brecha entre el individuo y la tecnología, en la cual no media la familia, la comunidad ni la institucionalidad. Un ejemplo claro de esta ruptura se expresa en el uso del internet. Los jóvenes aprenden a comunicarse a través de internet pero limitan su capacidad de comunicación real con otros individuos. Su capacidad de lenguaje se reduce y su habilidad literaria se minimiza debido al uso constante de códigos lingüísticos utilizados en el chat (xq, ksa, etc.) los cuales limitan su lenguaje generando en su familia, trabajo o escuela reducidas formas de comunicación y expresión oral. En el mismo sentido, bajo el discurso del uso de la tecnología, el internet aleja paulatinamente a los estudiantes de las bibliotecas, de los libros, mientras sus referencias “científicas” se obtienen de internet sin el control ni la exigencia académica debida. En este marco, los intereses de la producción agrícola en los grupos rurales van desapareciendo. Las unidades familiares se trastocan y sus relaciones primarias de comunicación se rompen. Los jóvenes optan por el abandono del campo tanto como espacio de vida como trabajo. Se deslumbran por las computadoras aunque la sociedad no esté preparada para recibirlos como fuerza de trabajo calificada. La cultura de sistemas heredados de padres a hijos para la producción se rompe y con ello, los procesos migratorios se intensifican. Mientras esto sucede, la pequeña unidad productiva agrícola familiar modifica sus ámbitos de interés en los que no media ni su propia sobrevivencia. Sin duda que la tecnología puede resolver buena cantidad de dificultades de distinto interés cuando los individuos poseen el dominio y control técnico, práctico e intelectual de la misma, y particularmente, cuando esa tecnología llega a todos los grupos de la sociedad, es decir que su utilización pasa del uso individual recreativo al uso productivo de cualquier grupo de interés  en las ciencias, cultura, producción material y producción intelectual.
 
El problema agrícola (premisas teórico-metodológicas)
 
Desde 1994[4] y posteriormente en otro trabajo publicado en 1997[5] he planteado que el diseño de una política agrícola salvadoreña debe fundamentarse en la reproducción técnica, tecnológica y material Microeconómica de pequeñas unidades productivas y diseñar un modelo Macroeconómico articulado con esas pequeñas unidades para responder a las dinámicas externas. Como señalo en esos trabajos, una política agrícola debe sustentarse al menos en tres condiciones: 1º. Fortalecimiento y ampliación de microsistemas productivos y comerciales, 2º. Intervínculos socioculturales y productivos entre los microsistemas, 3º. Autonomías regionales unidas por la interdependencia técnica, tecnológica y comercialy aunque en esta oportunidad no abordaremos dichas políticas, basta con señalar que se fundamentan en el proceso sociohistórico nacional, en la incipiente industria agrícola obsoleta y de escasa capacidad competitiva, en la cultura del trabajo(relaciones de producción de orden Colonial), en las formas productivas (microfeudos) y en la ausencia de un sistema agrícola nacional, pero particularmente en la reproducción de precarias economías de subsistencia de las unidades familiares. 
 
EL PEADEN
El Plan de Políticas Económicas Agrícolas para el Desarrollo NacionalPEADEN  se orienta desde diversas premisas. Sin duda que el problema agrario tiene distintos enfoques. En materia agrícola, desde 1860 el uso intensivo de la tierra y la producción de tres productos básicos (café, azúcar y algodón) modificaron las condiciones generales de la tierra (fertilidad natural) provocando al menos tres impactos a largo plazo: 1) baja competitividad y calidad (tanto en el mercado interno como externo), 2) desvalorización del capital social invertido y 3) descapitalización del campo y su deficiente aprovechamiento[6]. En el ámbito sociopolítico, algunos “analistas” afirman que uno de los principales problemas de la producción agrícola se origina en la "No propiedad de la tierra" de quienes la trabajan directamente; sin embargo, lo cierto es que un repaso histórico del proceso de producción agrícola, de la formación de los sectores sociales y de los recursos naturales y área geográfica con que cuenta El Salvador a partir de la Independencia y la formación de la República, nos indican que el principal problema consiste en la falta de oportunidad del campesino para utilizar la tierra y producirla. . Desde esta premisa teórica que incluye el análisis sobre la inadecuada utilización y distribución de la tierra, debemos insistir que no son tecnologías altamente costosas la solución del problema, ya que la masa de jornaleros agrícolas no esta preparada para su control y dominio tecnoeconómico, en tal sentido, generarían mayor dependencia de estos trabajadores que pasarían a convertirse entre otras cosas, en asalariados industriales, nivel para el que NO están preparados; por supuesto, que es urgente capitalizar el campo con industria, recursos humanos y financieros, pero la capitalización debe realizarse de manera gradual que permita la asimilación del desarrollo industrial, la capacitación de su fuerza de trabajo y la creación de mercados nacionales e internacionales que generen valores más cercanos a los costos de producción agrícola nacional desde la producción individual y familiar. Precisamente el tema de la producción individual y familiar constituye el fundamento de nuestras consideraciones. Si bien es cierto que El Salvador nocuenta con los mejores y diversos recursos naturales, eso se debe a la intensa explotación, apropiación indebida, pensamiento hacendario anacrónico y generación de micro-feudos que han rezagado en 200 años el modelo de desarrollo agroindustrial de este país. Frente a ello, las microunidades campesinas han sido forzadas al trabajo de eventuales, circunstanciales y por demás, desordenadas formas productivas en las cuales han abaratado el valor de su producto y su fuerza de trabajo. Aún, siendo un país pequeño, si las políticas y organización agraria representaran los intereses de la nación, las posibilidades de intercambio, autoabastecimiento y exportación de productos pudiese funcionar con mayor desarrollo y el equilibrio del mercado interno permitiría una ganancia media más social que individual, es decir, las pequeñas unidades productoras generarían los alimentos básicos para su subsistencia y el intercambio de productos modificaría la dieta alimenticia logrando mejores niveles de salud, educación  y calidad de vida, dicho de otra manera, no se requiere de grandes estrategias de producción agrícola para alimentar a este pueblo, no son recetas macro-productivas y de experimentación las que solucionarán el problema de la grave desnutrición y ahora hambruna de este país, la realidad exige soluciones imperativas que implican educar, pensar, actuar y responder a la nación.
 
En este marco, la propuesta del PEADEN tiene sustancialmente dos características: 1) se dirige fundamentalmente a la organización y producción agrícola de pequeñas unidades productivas familiares, comunitarias y regionales y 2) el intercambio de bienes y servicios entre productores y consumidores rurales y urbanos a través de formas mercantiles simples de compra-venta en tres niveles: comunitario, municipal y regional. De manera gráfica podremos resumir nuestra propuesta en el siguiente esquema:      
 

 
 
 
 Finalmente, se trata de reorganizar sistemas y formas agrícolas familiares con el propósito de aprovechar la escasa tierra productiva de este país. Esto significa transformar la cultura campesina impuesta por el Colonialismo hacendario y reorganizar la producción agrícola familiar tradicional, tal y como sucede en Guatemala, un país seis veces mas grande que éste y en donde la población indígena ha desarrollado sistemas agrícolas caseros, huertos familiares, formas de intercambio mercantil y más aún, la exportación de sus productos agrícolas que entre otras cosas se consumen en El Salvador; dicho de otra manera, parece claro dichas formas productivas generan excelentes resultados. Desde luego que dichas formas productivas expresan mejores resultados en culturas en las cuales sus proyectos de vida y visión del mundo van mas allá de la subsistencia. Se trata entonces de establecer correlaciones simbólicas, culturales e históricas entre el diseño de las formas agrícolas y la población que las ejecuta. Desafortunadamente en este país, el fenómeno cultural heredado de la organización feudal continúa impactando en la sociedad nacional. Difícilmente puede organizarse un nuevo modelo económico agrícola mientras la población tanto rural como urbana no se despoje de esa herencia, la cual, en el marco de la llamada era tecnológica, no representa más que la reafirmación a la condición de subordinación y dependencia de manera colonial-paternalista.
 
 
 
  


[1] Recalde, María Luisa/Actis, José Luis, La innovación tecnológica en el sector agrícola de Canadá: enseñanzas y comparaciones con Argentina, Instituto de Economía y Finanzas, Facultad de Ciencias Económicas, Universidad Nacional de Córdoba, Argentina, 2008
[2] Ticas, Pedro, El debate sobre el libre mercado: del empirismo empresarial al uso ideológico del capitalismo, Co-Latino, 5 de diciembre de 2007. Pág. 23
[3] Ticas, Pedro, Eso que llaman agricultura nacional: existe un proyecto de nación?, Co-Latino, El Salvador, 17 de diciembre de 2004.
[4] Ticas, Pedro, Presencia indígena en El Salvador, Ed. Praxis, México, D.F., 1994. Pág. 87
[5] Ticas, Pedro, El estado nacional: grupos étnicos de EL Salvador, Ed. UTEC, El Salvador, 1997
[6] Ticas, Pedro, et.al.
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