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Pedro Ticas  
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62. Las nuevas pero anacrónicas e improcedentes recomendaciones económicas del Fondo Monetario Internacional y el valor del dinero.
Las nuevas pero anacrónicas e improcedentes recomendaciones económicas del Fondo Monetario Internacional y el valor del dinero.

Tal como señalé hace diez años, la reorganización y redistribución del capital internacional, así como las nuevas asignaciones y clasificaciones financieras hacia países llamados tercermundistas como El Salvador habrían de variar substancialmente debido al apoderamiento que algunos países industrializados están realizando sobre otras naciones provistas de algunas riquezas naturales u ubicación geopolítica.  Desde luego que dicha apropiación siempre viene acompañada de medios de obtención por la vía militar o por condicionamientos económicos.
Hace diez años, la lucha por el mercado daba signos claros de una nueva refuncionalización de la propiedad, producción, distribución y consumo del capital, de manera que no es nuevo que ahora,  el Fondo Monetario Internacional siente posición y advierta sobre sus políticas económicas dirigidas a países dependientes e improductivos como El Salvador. Después del show de la tan llevada y traída crisis económica mundial y el anuncio de una aparente recesión, en la cual por supuesto este país solo figura como una carga política-administrativa y no como opción para la recuperación del capital internacional, en realidad, para aliviar esa carga administrativa que le confiere un país que no produce nada, el FMI plantea dos elementos sustanciales. Primero, reducir el gasto público y Segundo, reorientar el gasto social  hacia aparentes programas o proyectos que signifiquen mejoras en los niveles y formas de vida de los habitantes. Ese organismo ha dicho con suficiente claridad que no desea continuar siendo el “Apaga Fuegos” de las economías como la salvadoreña. Sin embargo, el problema es que después de 30 años de vivir y continuar viviendo de la caridad internacional, plantearle al estado político salvadoreño que reoriente su cauce económico sustentado en una política fiscal anticiclica no sólo resulta risible sino también completamente imposible debido a que se trata de un país que no produce absolutamente nada que interese al capital internacional.
Como sabemos la política anticiclica se fundamenta a partir de dos orientaciones: la política fiscal y la monetaria, es decir, la cantidad de dinero puesto en circulación. Al respecto de estos dos componentes, sería bueno considerar previamente algunos elementos. Por ejemplo, tal como lo señalaba Keynes, en el caso de las economías que muestren altos niveles de desempleo y sus fábricas demuestren un exceso en su capacidad de producción, es evidente que su volumen de productos supera la demanda del mercado y por tanto, en principio de cuentas, la fluctuación de precios de las mercancías se hace más inestable. En este caso, conviene hacerse algunas preguntas previas. Primero, ¿Qué lugar y volumen ocupa la producción industrial de este país cuando en realidad, apenas se trata de pequeñas producciones de capitales individuales que no logran competir con el mercado internacional y que por tanto su ganancia ordinaria la adquieren simplemente como proveedores de tiendas y comercios externos?, Segundo, ¿ cómo puede pensarse en impulsar una política fiscal en este país con claros signos de organización económica feudal en donde no existe cultura, tradición ni los suficientes elementos de estructura legal que obliguen al cumplimiento de dicho pago?, ciertamente son tantas las razones de orden político, económico, ideológico y cultural, que en realidad discutir sobre la crisis económica mundial en un país con una economía doméstica hacendaria, solo resulta un absurdo show de claras ilusiones de sentirse pertenecer a un mundo de transacciones de bienes de capital imaginario.
El modelo económico salvadoreño apenas alcanza el 14.5% en recaudación tributaria. Ciertamente no podría esperarse mayores niveles de recaudación en un modelo que ni siquiera logra constituirse como economía libre de mercado, más bien, su diseño y realización adquiere pleno comportamiento de una economía de comercio de transacciones simples de compra-venta en la cual, desde luego, lo más importante resulta ser la cantidad de dinero puesto en circulación, eso facilita que otros tipos de capitales tales como el comercio de bienes y servicios, materiales de construcción y otros, reciban sin mayor dificultad ni control, las enormes masas de dinero circulante que hacen posible la capitalización de esos sectores, por ello, nuevamente las recomendaciones del FMI aparecen totalmente desvinculadas a la realidad nacional. Este es un país en el cual el asunto de la inversión social es solo un concepto que políticos, gobierno o algunos empresarios han escuchado y que solo sirve como imaginario. La realidad es que El Salvador ocupa el segundo lugar en deforestación en el continente, mantiene la más alta tasa de analfabetismo en el hemisferio, figura como el país más violento de América Latina, presenta altos niveles de desnutrición, bajo nivel educativo, déficit en el índice de desarrollo humano, en fin, quizás convendría mucho más discutir seriamente el futuro de este país que continúa recibiendo millones de dólares de préstamos y la  caridad mundial, capital que por supuesto se diluye fácilmente en la esfera de la administración pública y el gasto político.
Las razones de subterfugio de la administración pública sobre la realidad nacional
Como siempre sucede en este país, los verdaderos problemas de la nación pasan desapercibidos e ignorados por la población en su conjunto. Eso facilita que algunos grupos del poder legislativo, judicial o ejecutivo operen o decidan en completo libre albedrío o en completa defensa de sus propios intereses.
Anteriormente he señalado sobre la posición actual de este país frente a la reconformación de los nuevos bloques económicos que los países dependientes y subordinados tales como El Salvador habrán de seguir en función de las exigencias del Fondo Monetario Internacional[1]. En el caso salvadoreño no hay mucho que analizar. Se trata de una pequeña economía doméstica, improductiva, mal administrada y particularmente, mal organizada. Su débil estructura productiva de bienes de capital genera que su dinámica monetaria interna se mueva en virtud del capital externo obtenido de capital circulante externo, es decir, préstamos o caridad internacional. En realidad este país ha sido vendido y revendido tantas veces que eso mismo ha provocado el desinterés extranjero por continuar comprándolo, lo cierto es que no queda nada que no sea, en todo caso, las fáciles y libres formas de hacer circular el dinero en cualquiera de las esferas de consumo tales como la industria de la construcción, el mercado y servicios.   Históricamente, la regalía de los escasos recursos nacionales ha sido originada por su triste organización política y la falta de un verdadero nacionalismo e identidad, Así las cosas, este país ha sido vendido al más  bajo precio sin precondición alguna, es decir, un país vendido al mejor postor. A dicha situación debe agregarse el subvalor que la fuerza de trabajo nacional ha adquirido, y peor aún, los altos niveles de concentración y centralización de capital por parte de algunas empresas y de aquellos gobiernos que se lo permiten. Dicha concentración cierra todos los espacios para cientos de microempresarios que luchan en un mercado desleal, inicuo, desequilibrado y particularmente provisto de conductas y prácticas corruptas.  En realidad, la lista de deficiencias y carencias del estado nacional resulta interminable. En tales circunstancias, el Fondo Monetario Internacional muy poco puede exigir a un estado administrativamente inmaduro y desordenado. Exigir mayor crecimiento del Producto Interno Bruto, reorganización del gasto público en un país históricamente hacendario, no solo constituye la más absoluta incoherencia sino, además, la escena más cantinflesca de todo el show montado sobre una aparente crisis económica mundial con repercusiones directas a El Salvador. Nadie en su sano juicio puede creer que la lucha por el control de la propiedad, producción y distribución de las riquezas materiales y naturales del planeta que ahora se disputan los países industrializados, pueda impactar en virtud del valor a una economía casera y domestica como la salvadoreña en donde quizás, el único riesgo o impacto pueda consistir predominantemente en dejar de percibir los donativos o préstamos internacionales.
Así las cosas, en el contexto del gran espectáculo montado por los grandes organismos internacionales acreedores de este país, quizás una de las realidades que resulta innegable se expresa en la urgente necesidad de reordenar la administración pública, jurídica y legislativa del estado salvadoreño y dejar de ser el tianguis del comercio del dinero, modelo económico que entre otras cosas, después de 30 años, no ha logrado ni siquiera mejorar las condiciones de vida de esta población, modificar o transformar sus condiciones de pobreza, miseria y rezago educativo. Este es un país que continua siendo rural. Su conformación poblacional y cultural así lo demuestra. Suponer la aplicación de normas jurídico-económicas internacionales escapa de la verdadera realidad de esta población que todavía habita y sobrevive en condiciones infrahumanas.
Las simples contradicciones del discurso oficial y de algunos tipos de capital privado
El problema de la inversión extranjera en este país no tiene como causa la inseguridad pública, la cual en realidad, muy poco tiene que ver con la inseguridad comercial y menos aún, con la inversión de capital internacional en algunos sectores de la vida económica casera de El Salvador. Como hemos dicho, basta con observar el crecimiento que la industria de la construcción, bienes y servicios ha obtenido en los últimos 20 años, para saber que el auge y crecimiento alcanzado se debe fundamentalmente a las enormes masas de dinero que circulan en este país y que hacen posible su existencia.
Mucho se dice en el discurso y el fomento de la cultura y el miedo que algunos grupos de poder y el mismo estado expanden. En realidad el problema de la violencia y delincuencia no incide en lo absoluto en obstaculizar o detener las enormes cantidades de dinero que circulan en este pequeño territorio de 20,000 Km2; por el contrario, el capital nacional e internacional ha sido capaz de mover tanto dinero sin que en ello intervenga el estado en beneficio del crecimiento económico  y la población.  Este parece ser el diseño del modelo económico nacional. Un estado completamente permisible e indiferente al manejo de una economía casera, por demás parasitaria en la producción mundial y en la reorganización internacional del trabajo, aunque debe reconocerse la efectividad del capital nacional e internacional en la ejecución de un modelo de economía doméstica de subsistencia provista de múltiples variantes operativas que garantizan que la población no se subsuma en los niveles de hambruna debido al flujo de dinero que entra y sale del país. En realidad, la garantía de la sobrevivencia de esta nación depende de esos volúmenes de circulante, si esto no ocurriese, con toda seguridad este país no solo ocuparía los primeros lugares de violencia, deforestación, pobreza, analfabetismo, improductividad y otros tantos, sino, además, figuraría entre los países con niveles de desnutrición y hambruna más altos, tal como sucede en aquellas naciones a quienes los países industrializados saquearon durante siglos todas sus riquezas y ahora redimen sus culpas llevando alimento y otras mercancías bajo la figura del humanismo caritativo que solo genera más dependencia y esclavitud. Por ello, no debe extrañar por qué en este país que se autodenomina ser el ejemplo para todos los demás, en realidad,  es el último en crecimiento, incluso, en la misma región centroamericana. Desde luego que habrá que saber si dicho discurso es real o solo una invención de subterfugio gubernamental y privado, en todo caso ciertamente resulta carente de seriedad el discurso construido sobre la violencia, debido a que en realidad El Salvador no produce nada y por tanto,  los únicos capitales comercial o mercantil que podrían interesarse, declinan su interés debido al desorden, centralización y concentración de capital y particularmente porque se trata de un estado político inseguro, inmaduro, sin rumbo, con plena desorientación de proyecto de nación que solo vive el día a día a la usanza de como lo hace la mayoría de la población. Dicho de otra manera, todas las  figuras de calificaciones de organismos internacionales sobre este país pierden seriedad y veracidad, aún en el mismo discurso de quienes las señalan como grandes logros debido a que ciertamente, se refieren a calificaciones de algunos capitales individuales y no de la nación. Si realmente el país recibiera dichas calificaciones, entonces, por obvias razones, no habría que llorar la falta de inversión y esta nación se habría convertido en el sueño centroamericano. 
Los signos claros de la condición de botadero internacional de la nación salvadoreña
En diciembre de 2008 señalé que el desarrollo de la esfera del capitalismo industrial había creado un proceso de hiperproducción de mercancías y que esto generaría una reducción del valor del dinero tanto circulante como aquel que se acumula en otros tipos de bienes[2]. Se trata de la sobreproducción de mercancías que ahora se contraponen porque el volumen producido en 100 años es equivalente a la cantidad de mercancías producidas en menos de 30 años y porque estas mercancías de los últimos 30 años escapan a la lógica normal del sistema capitalista, esto es, el tiempo de producción y sus usuales formas de apropiación del valor expresado en el trabajo, capital constante-variable y desde luego, en el volumen de producción. El mismo desbordamiento del capital industrial superado tempranamente por el capital tecnológico ha provocado en estos últimos años nuevas formas de acumulación del dinero por parte de sinnúmero de capitales individuales que muy poco han contribuido a la generación de la ganancia media mundial, esto ha significado variaciones hiperproductivas en algunas de las áreas de la producción de mercancías sobre las que no ha existido un control derivado de la lógica capitalista.
En este contexto, como es usual, El Salvador como país receptor de constantes y diversos desperdicios del capital industrial, tecnológico y financiero abre nuevamente las puertas para recibir los sobrantes del dólar estadounidense, permisión característica de un feudo-estado al estilo de las grandes haciendas en las que el valor de los productos y el dinero está determinado por el señor feudal, en este caso, por Estados Unidos como dueño mayoritario de esta nación. Se trata de un país convertido en la pequeña tienda en donde el capital bancario y comercial compra dinero, bienes y servicios para vender. Dicho de otra manera, es posible que en el caso salvadoreño, su casera economía doméstica no permita establecer una relación más clara entre el capital invertido en la producción y las tasas de interés que se fijan al cuenta-habiente, esto se debe a la escasa o nula inversión de capital en áreas productivas, al abandono de políticas bancarias estatales reguladoras y al incipiente surgimiento de pequeños capitales individuales destinados al mercado tecnológico. Precisamente el desorden generado en la ganancia media mundial ha provocado que en economías hacendarias como la salvadoreña, el dinero adquiera menos valor que las mismas mercancías y su subsunción real radica en la extraganancia que genera su circulación en la industria de la construcción, comercio y sistema financiero, por ello de nueva cuenta, El Salvador reasume su condición de botadero subordinado a recoger todo lo que Estados Unidos quiere tirar tal como sucede con la moneda y otra serie de bienes por demás desvalorados e inservibles en el mercado cambiario internacional. 
No hay duda que este siglo de avances tecnológicos descontrolados ha llevado a reducir el valor del dinero y aumentar el valor real de las mercancías, esto se debe a la rápida circulación del valor del trabajo que cada mercancía contiene y que se expresa en el mercado del cual no se apropia el sistema, de hecho, el mismo sistema ha dejado al descubierto la incompatibilidad de su forma al permitir la sobreproducción de productos derivados de la intervención tecnológica. En esta condición, el fenómeno de la sobreproducción ha abaratado el valor del dinero y la acumulación de capital nacional (de estado), individual o social se ha reducido tanto en su forma circulante como también en el intercambio o venta del mismo dinero en el mercado internacional, por ello, ahora los gobiernos de los países ricos deben depositar dinero en sus propias sociedades, aumentar el circulante para revalorar el dinero y desacelerar la producción que involucra la renta en dinero; si esto sucede, las mercancías tecnológicas (transformadas en dinero) utilizadas en cualquier esfera de la producción o bienes y servicios tendrán más valor que el mismo dinero que se pague por ellas, esta condición supondrá la reducción del tiempo de uso de las mismas y por tanto, poner en el mercado mayor circulante. En caso que la interpretación sea la correcta, los países ricos habrán de designar países con función de bodega tales como El Salvador en donde podrán depositar grandes volúmenes de mercancías temporales totalmente desechables, así como grandes masas de dinero que no se incorporen a la economía local pero que garanticen la estabilidad de su valor. En simples términos, se trata de una nación convertida en basurero comercial, monetario y tecnológico.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

[1] Ticas, Pedro, El debate sobre el Libre Mercado: del empirismo empresarial al uso ideológico del capitalismo,  www.fondodeculturaeconomica.com/editorial/prensa/Detalle.aspx?secccion=Detalle&id_desplegado=12111, México, 8 diciembre de 2007. ( Tomado de Co-Latino por FCE, 5 Dic-2007. Pag. 18)
[2] Ticas, Pedro, El nuevo valor del dinero en países con economías de hacienda del siglo XVIII y su implicación en la Educaicon, Diario Co-Latino, El Salvador, 17 de diciembre de 2008. Pág. 20
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  Pedro Ticas  
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