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Pedro Ticas  
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38. El Salvador: elecciones Vrs cultura histórica

El Salvador:  elecciones Vrs cultura histórica


Sin duda que el próximo 15 de marzo de 2009 constituye un momento histórico para este país. Se trata de la elección presidencial en la cual surgen dos elementos trascendentales: Primero, la decisión sobre el destino de los próximos 50 años y Segundo,  –quizás por primera vez-   escribir  la propia historia y no la historia de los otros.  En el primer caso,  en el contexto de lo internacional, la sociedad salvadoreña decidirá sobre el diseño político, económico, cultural que adoptará el país en los próximos 50 años, tiempo necesario para que las condiciones que generan el nuevo tipo de capital internacional se ajusten, ordenen y conformen, esto es, la recuperación de toda la naturaleza destruida, la estandaridad educativa escolarizada, el trabajo articulado con las invenciones tecnológicas, la reducción de la sobreproducción, el reordenamiento de conflictos bélicos, en fin, la reorganización y control sobre todas las condiciones humanas, técnicas, tecnológicas y naturales que hacen posible la existencia del sistema capitalista.  En ese marco, ningún país por pequeño, pobre e improductivo que sea, puede quedarse fuera del reordenamiento internacional. Esto supone que los eventos nacionales (elecciones, catástrofes, epidemias, etc.) rebasan la esfera de lo nacional y se insertan en la observancia e interés de las naciones industrializadas.  En el contexto nacional, la decisión implica la continuidad o transformación del modelo de formación social que el país ha sostenido por más de 400 años, es decir, de la organización de pequeños cacicazgos (feudos), modelos hacendarios y su respectivo lenguaje y formas de relación social, cultural, laboral, institucional y cosmovisiva.  Ciertamente la tarea no es fácil, 400 años de historia Colonial no se transforman por simples estados lacónicos de la actividad política, más bien, su transformación comprende la unidad y constancia de un proceso que articule cada uno de los aspectos de la vida nacional expresados en lo cultural, educativo, social, económico y político dirigido al rompimiento de una cultura de la esclavitud heredada de la Colonia.

En el Segundo caso,  --quizás, por primera vez--, será  la misma sociedad salvadoreña la que escribirá su propia historia y no la historia de los otros; por ello, no sólo se trata de realizar una elección, se trata de la realización y expresión de un conjunto de elementos que dan vida a la elección, diseñada, preparada y ejecutada por la misma población salvadoreña, esto indica otro nivel de participación y desarrollo de la sociedad nacional, implica la más dinámica forma de pensar y hacer política, lo que hace suponer, que trasciende de sus niveles primarios de organización política a nuevas conformaciones sociales articuladas por la diversidad de pensamiento y la interacción de ideas y acciones.  Ciertamente se trata de un evento histórico por el simbolismo que representa. Como hemos dicho, posiblemente este acto, constituya una de las pocas ocasiones en las que la sociedad civil ha podido expresar su voluntad política, lo que indica una nueva formación social salvadoreña, es decir, un nuevo concepto de organización de lo económico, educativo, cultural, ideológico, político y social.

En el año 2003[1] señalé que en sociedades dependientes, su  historia política no se explica a través de la historia de sus hechos sino por la historia de los hechos que definen los grupos de poder. Dicha condición pone de manifiesto la plena coexistencia entre dos mundos de estado mental, cultural y económico de la población: el mundo de la reproducción de la historia de los otros sobre la historia de lo propio que conduce a la subordinación, asimilación y dependencia, y el mundo del estado real de la reproducción de la condición de esclavo que en países dependientes, constituyen los elementos estructurales, conceptuales y políticos de la cultura, educación, economía y relaciones sociales convertidas en institucionalidad ( que no es igual al concepto de institución). Conviene entonces dilucidar sobre el concepto de INSTITUCIONALIDAD.  

La institucionalidad

El concepto de INSTITUCIONALIDAD implica su observancia desde múltiples definiciones y dimensiones.  En lo teórico,  la institucionalidad se define por su sentido, legitimidad y función. La Institución como forma, constituye un símbolo, imagen; como contenido, debe ser resultado de los intereses individuales manifiestos en el  todo social. Precisamente una vez cumplida su función de representatividad de los intereses individuales alcanza el reto institucional que consiste en colectivizarlos, en consecuencia, la institucionalidad aparece cuando los individuos alcanzan su identificación con la institución,  es decir, cuando se cumplen su forma, contenido, sistema de normas y procedimientos que articulan sus propios intereses individuales con los intereses comunes. Sin duda que deslindar la actividad política de la actividad institucional resulta difícil en sociedades con regímenes histórico-culturales propios del período feudal.  Cuando un partido político gobierna en algún tipo de institución, los individuos confunden las relaciones internas partidarias con las institucionales, de hecho,  utilizan dicho recurso como instrumento político transfiriendo con ello los conflictos de prestigio y poder individuales de sus propios partidos, entorpeciendo el alcance de la identidad de sus trabajadores y del público con el simbolismo institucional que provoca que la gobernabilidad se fracture por la improvisación.  Por su parte, la gobernabilidad se resuelve mediante la relación entre necesidad y libertad, entre ambas media la administración, misma que sólo surge efecto mientras los individuos alcancen su vínculo con la institución (principio de libertad), caso contrario, la  gobernabilidad solo aparece como expresión del imaginario (principio de la necesidad) y los individuos sólo buscan la satisfacción de sus necesidades de manera  espontánea, inmediata, coyuntural o empírica. Así sucede en sociedades con instituciones que emergen o figuran con sentido paternalista, protector o excesivamente ideológico. Normalmente, cuando los factores ideológicos se trastocan con políticas paternalistas, los resultados se traducen en desprestigio, falta de liderazgo, poca credibilidad y mayor confrontación  entre los individuos o  hacia quienes ostentan el poder. Al respecto no cabe duda  que dicho comportamiento no es más que la reproducción de sistemas feudales anacrónicos heredados desde la Colonia. Precisamente,  han sido los mismos países industrializados quienes sosteniendo y apoyando dichas  conductas  al amparo de doctrinas colonialistas del desarrollo unilineal de las sociedades, ahora califican a Latinoamérica como sociedades inmaduras e inexpertas a quienes debe guiarse de la mano (como niños) para mostrarles el camino económico, político, cultural y social que deben seguir desde el modelo occidental, es decir que el discurso de los países industrializados sobre la “inmadurez institucional” de los países dependientes no es más que la mejor excusa de su responsabilidad histórica de haberlos convertido en simples administradores de pequeños feudos con visión cortoplacista sin identidad y devenir[2].  En materia de las dinámicas institucionales internas, las acciones institucionales están conformadas por receptores (individuos) que alcanzan niveles de identificación con el emisor (institución) facilitando formas sistemáticas de interrelación hasta alcanzar niveles de identidad sistémica, esto es, asimilar los principios filosóficos del emisor. Una vez establecido el nivel sistémico, el receptor admite un estado de conciencia ideológica paulatina mediante la actividad constante que el emisor realiza con su entorno empírico y adopta en última instancia todas aquellas normas y conductas que se deriven del orden establecido por el sistema.  El  elemento substancial de la institucionalidad aparece a través del estado de conciencia, en este caso, la conciencia no es más que un determinio de la acción, es decir, un proceso traslucido que se forma en la relación entre los individuos y cuya tolerancia de sus disimiles particularidades se unifican  por medio de la institucionalidad[3], llegado este momento, el individuo representa la colectividad y los valores colectivos trascienden sobre los propios, ese es el momento cumbre que toda institución pretende alcanzar para dejar de ser una sociedad a secas y convertirse en una sociedad de la totalidad, por ello, si el estado “moderno quisiera terminar con la impotencia de su administración se vería obligado a destruir las condiciones presentes de la vida privada. Y si el estado deseara terminar con esas condiciones de la vida privada, tendría que poner fin a su propia existencia, puesto que la razón de su ser está en relación a los intereses privados[4]. Siendo el estado en sí mismo una forma de institucionalidad de aparente organización de una sociedad civil libre de su actividad política (ideología, producción, valores, etc.) implica que también el individuo constituye en sí mismo una forma de institucionalidad realizada a través de formas, funciones, valores y normas que el individuo ocupa en la entidad en la que se desplaza. Si el estado se crea para la realización de lo privado, entonces la necesidad de lo colectivo se fundamenta en lo particular y por tanto, como hemos dicho, su institucionalidad se expresa en la conciencia individual, en esta lógica, “la esencia del estado moderno es que lo universal esté ligado a la plena libertad de sus miembros y a su bienestar privado”[5] de manera que en el mejor sentido critico de la razón, el estado “no es una institución utilitaria dedicada a la tarea ordinaria de suministrar los servicios públicos, administrar justicia, realizar deberes de policía y ajustar los intereses industriales y económicos. Todas estas funciones pertenecen a la sociedad civil. El estado puede sin duda dirigirlas y regularlas de acuerdo con las necesidades, pero él mismo, no las realiza”[6]. En este marco, entre las limitaciones y equivocaciones más importantes en la historia de las instituciones latinoamericanas figura convertir a los sujetos que diseñan las políticas institucionales en ejecutores de las mismas, quienes amparados en doctrinas paternalistas, asistencialistas y/o populistas,  se involucran en la actividad cotidiana del ejercicio civil generando ruptura de las interrelaciones institucionales  y provocando la anarquía organizativa de las voluntades individuales.

Elecciones vrs. Historia

Como señalé al inicio, la historia de este país ha sido construida predominantemente por los otros, es decir, las formas y diseños históricos que los grupos de poder han impuesto se revelan entre otras cosas,  en la cultura de la inmediatez de pensamiento y acción que la mayoría de la población ejecuta en todos los planos de su vida individual, familiar, política e  institucional, por ello, en buena parte de quienes ejercen la administración pública o política, se evidencia la ausencia de un proyecto de nación.  Dicha cultura genera una conducta de lo circunstancial, eventual, temporal, por lo que los individuos no se interesan por el futuro, viven el momento y sus acciones están subordinadas por la práctica empírica que no les exige más allá del acto, esto significa que desde el período Colonial, los grupos de poder han hecho bien su trabajo generando en la mayoría de la población la cultura del temor, deslealtad, inseguridad y con escasa o nula proyección de vida que en última instancia produce el desinterés por educarse y construir su propia historia.

Como he señalado en otros trabajos, la cultura de la esclavitud se manifiesta en el continuo lamento, resignación, improvisación tanto en la vida personal como institucional. Cuando se trata de lo institucional, los individuos responden al plano organizativo propio de la Administración Hacendaria organizada en pequeños feudos en los cuales sustentan su actividad institucional sobre la base de relaciones personales caracterizadas por la murmuración, deslealtad,  desprestigio del otro y la ausencia de capacidades técnicas, teóricas o metodológicas para realizar su trabajo.   Sin duda los grupos populares reproducen la cultura de los grupos dominantes, cuando los grupos dominantes representan avance, crecimiento y desarrollo, la sociedad crece con más rapidez y consistencia, pero cuando se trata de grupos dominantes con remanentes feudales, con terror a competir con lo diferente, con lo desconocido, estos transfieren a las sociedades una cultura  del miedo derivada del Colonialismo que reproduce en los sectores populares la condición de esclavo tanto por la explotación admitida, como por la cultura asumida[7].  A todas luces, la cultura de dominio del Señor sobre el Siervo continúa siendo la forma de relación social de la sociedad salvadoreña. Por ejemplo, en lo político, social y económico, el individuo se muestra inseguro de tomar decisiones de trascendencia para su vida, prefiere que otro las tome por él debido a su temor al riesgo, entiende que si él hace lo que no debe hacer, otro hará lo que a él le corresponde hacer y que por tanto, se exime de responsabilidad. Frente a tales condiciones históricas de la formación social salvadoreña, las elecciones de 2009 representan más que un ejercicio democrático, confieren al individuo el compromiso ontológico de decidir sobre su condición y ubicación en la formación histórica de su sociedad, de ser sujeto y no objeto de sus actos y determinios económicos, culturales y educativos, en tal sentido, la ilusión asimilada del “equilibrio” de las decisiones mediante el otorgamiento de poderes políticos de contrapeso sólo explica la necesidad constante de los individuos por sentirse parte de una sociedad que enajena el poder social a través del voto, éste, sea quizás, el único momento que la sociedad política transfiere al individuo un sentido de poder, el cual, resulta ser tan efímero, como la circunstancialidad misma.

 



[1] Ticas, Pedro, Apuntes sobre institucionalidad, gobernabilidad y política: entre el poder y la autoridad, Co-Latino, 9 diciembre de 2003. Pág. 19

[2] Ticas, Pedro, Antropología Política, CCC, México, 1994. Pág. 234

[3] Ticas, Pedro, Educación y Política: Antropología de la comunidad campesina salvadoreña, Co-Latino, 1º. de abril de 2008. Pág. 18

[4] Fábregas, Andrés, Antropología política, Ed. Prisma, México, 1976. Pág. 31

[5] Hugh, Reyburn, The Ethical Theory of Hegel: A Study of the la Philosophy of Right, Oxford, 1921. Secc.270

[6] Sabine, George, Historia de la teoría política, Ed. FCE, México, 1970. Pág. 481

[7] Ticas, Pedro, La cultura de la esclavitud y su institucionalidad en países dependientes, Co-Latino, 6 de febrero de 2008. Pág. 12

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  Pedro Ticas  
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